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Historia
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OrÃgenes y Edad Media
Cabe la posibilidad de que Santander fuese la antigua Portus Victoriae Iuliobrigensium, de la que hablan las fuentes romanas, si bien la cuestión no es del todo clara, pues según diversos historiadores, dicha ciudad corresponderÃa con la actual Santoña. Se han hallado restos arqueológicos en la penÃnsula de la Magdalena (restos de una edificación con suelos de mosaico, un Hermes de bronce y diverso material monetario y cerámico); en el promontorio de San MartÃn (una villae del s.I d. C. con restos de un hypocaustum de unas termas y diversas monedas de plata asà como un ánfora del siglo I d.C.; y sobre todo en la zona del Cerro de Somorrostro (en latÃn: summum rostrum, 'promontorio mayor') donde se realizaron excavaciones sistemáticas y aparecieron bajo la actual catedral restos de iglesias de época altomedieval y estructuras de época romana —hypocaustum perteneciente a unas estancias de finalidad termal, muros de contención y otros edificios, todo ello acompañado de importante material monetario, un sestercio de la época del emperador Trajano, otras monedas de Constantino I, etc.— que indican que los romanos llevaban a cabo actividades mineras y comerciales con el puerto como base. También se sabe que eran frecuentes las incursiones de los navegantes nórdicos y, según el historiador Hidacio (siglo V), la población sufrió el saqueo de los Hérulos. .
En el siglo VIII Alfonso II, el Casto, funda la AbadÃa de los Cuerpos Santos en el monasterio preexistente en el cerro de Somorrostro. Aunque hasta 1068 no aparece citada por primera vez, en un documento hecho redactar por el rey Sancho II dicha AbadÃa. Del nombre de este santo, mártir del siglo III, consideran los filólogos que procede el nombre actual de Santander (Sancti Emetherii > Sancti Emderii > Sanct Endere > San Andero > Santendere > Santanderio > Santander es la secuencia generalmente aceptada). Según la leyenda, las cabezas de San Emeterio y San Celedonio, mártires decapitados en Calahorra por no confesar su fe católica en el siglo III, fueron transportadas en una barca de piedra para proteger ambas reliquias del avance musulmán. Llegaron a Santander, después de dar la vuelta a la PenÃnsula, chocaron y atravesaron una roca en la entrada de la bahÃa (actual Isla de la Horadada) y se instalaron en la cueva bajo la primitiva iglesia del Cerro de San Pedro (Somorrostro). El monasterio existente en dicho lugar los tomó como patronos, colocando sus efigies en el escudo de la iglesia. .
El 11 de julio de 1187 el rey Alfonso VIII de Castilla nombró al abad de San Emeterio señor del pueblo y dotó a la villa de fuero (similar al de Sahagún) que tendÃa a facilitar el tráfico marÃtimo, la pesca y el comercio, actividades de las que la AbadÃa recibÃa sus tributos, asà como de la elaboración de escabeches y las explotaciones vinÃcolas. .
Durante los siglos XII y XIII la población fue delimitando su estructura dentro del recinto amurallado que toda villa convenÃa, con dos pueblas diferenciadas. La Puebla Vieja, más antigua, sobre el cerro de Somorrostro que dominaba la ciudad de cara a la bahÃa, incluÃa el castillo, la AbadÃa de los Cuerpos Santos y los locales dedicados a la artesanÃa y al comercio, establecidos en dos calles principales, la Rúa Mayor y la Rúa Menor o CarnicerÃas viejas. La Puebla Nueva, situada en un plano más bajo, contenÃa el convento de Santa Clara y el de San Francisco, este ya fuera de la puerta que daba nombre a una de las calles principales; otras calles de importancia eran la Rúa de la Sal, La rúa del Palacio, puerta de la Sierra, Cadalso y Rúa del Arcillero. Ambas pueblas estaban unidas por un puente sobre la RÃa de Becedo que las dividÃa y llegaba hasta las Atarazanas, los astilleros mandados construir por el rey para aprovechar las maderas de los bosques cantábricos en la construcción de naves. La villa estaba obligada a proporcionar a la monarquÃa una nao al año. .
En 1217 se inician las obras de construcción de la iglesia principal de la villa en el mismo lugar que las anteriores, donde tras multitud de reformas continuará hasta nuestros dÃas. En 1318 comenzarÃan las del claustro. .
En 1248, Santander participó, junto a otras villas del cantábrico, en la batalla por la conquista de Sevilla, recibiendo como recompensa un escudo de armas que contiene las imágenes de la Torre del Oro y el rÃo Guadalquivir. .
El 4 de mayo de 1296, las villas costeras cantábricas formaron la Hermandad de las villas de la marina de Castilla con Vitoria o Hermandad de las marismas, que agrupaba a Santander, Castro Urdiales, Laredo, Vitoria, Guetaria, San Sebastián, Bermeo y FuenterrabÃa. Su objetivo era fortalecer su posición comercial con respecto a la competencia del otro lado del Golfo de Vizcaya, sobre todo en el comercio de lanas y harinas con las villas de Flandes e Inglaterra. .
En el siglo XIV, el Libro de las Merindades de Castilla (conocido como Becerro de las BehetrÃas) confirma esta condición, la de behetrÃa, para la ciudad, es decir, la define como sólo dependiente de la monarquÃa, sin deberse a ningún otro señor feudal, exceptuando las prerrogativas del abadengo. Sin embargo, un siglo después, el 25 de enero de 1466, el rey Enrique IV cedió la ciudad al Marqués de Santillana, lo cual provocó la sublevación de los habitantes, que consiguieron la revocación de la orden real el 8 de mayo de 1467. .
La tensión entre los pueblanos nuevos y viejos, encabezados por los clanes de los Giles y Negretes, obligó a la monarquÃa en el siglo XV a llevar a cabo una reglamentación del gobierno municipal, que puso en manos de dos alcaldes (uno por puebla) y varios regidores. .
En 1497 hizo escala en la villa la Armada de Flandes para desembarcar a Margarita de Austria, que venÃa a casarse en Reinosa con el prÃncipe don Juan, heredero de los Reyes Católicos. La flota trajo también la peste y fallecieron unas 6000 personas, de una población de 8000. La ruina y el despoblamiento no empezarÃan a aliviarse hasta tres siglos después. .
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Desarrollo comercial y urbano: siglos XVIII y XIX
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La formación de la burguesÃa
Al comenzar el siglo XVIII, la villa de Santander comienza a recuperase de las crisis anteriores, que la habÃan dejado escasa de población, infraestructuras y lazos comerciales. .
En el aspecto administrativo, ya en 1653 habÃa conseguido, junto a las otra villas, que se retirase a Laredo la condición exclusiva de cabeza de partido. En 1748, la posición preeminente se consolida con la orden real de construir el llamado camino de las lanas, que unirÃa Burgos y Santander, lo que convertirÃa el puerto en centro del comercio del norte. .
En 1754 el apoyo vino de la Iglesia Católica, que la estableció como capital de diócesis y concedió al abad la categorÃa de obispo, con lo cual la Iglesia Colegiata pasó a ser catedral. .
En 1755, Fernando VI otorga a Santander el tÃtulo de Ciudad, y en 1783 se crea el llamado Consulado de Mar y Tierra de la muy noble y muy leal ciudad de Santander, entidad encargada de regular el tráfico marÃtimo con otras ciudades según un modelo liberalizado de comercio. A principios del siglo XIX, Santander encabeza los intercambios del norte de la penÃnsula con los principales puertos americanos. .
Este desarrollo económico trajo consigo la formación de una clase burguesa comerciante que irÃa consiguiendo sucesivamente la regulación administrativa del territorio, primero como Provincia MarÃtima (1816), y después como provincia de Santander, en (1833). La evolución continuó durante todo el siglo. Se crearon industrias auxiliares de la navegación (jarcias), de harinas, azúcar, cerveza, etc. También se crearon los astilleros de San MartÃn y la ciudad se fue estructurando según un modelo racional con la ampliación de los terrenos ganados al mar. El complemento de toda esta actividad fue la inauguración en 1851 del ferrocarril de Alar, que amplió aún más el tráfico con Castilla. .
Hasta 1900 el desarrollo de Santander irá unido al comercio creciente con las colonias españolas, siendo el puerto salida de gran parte de los productos de Castilla. Este auge económico hizo florecer una burguesÃa mercantil que, desde mediados del siglo XVIII a finales del XIX, impulsa el desarrollo urbano de la ciudad con el ensanche de Santander (que amplÃa la ciudad hacia el este). .
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El turismo
Durante la segunda mitad del siglo XIX, aprovechando el auge de las estaciones balnearias entre las clases acomodadas europeas, que introducÃan un nuevo concepto de ocio asociado a la salud, una serie de iniciativas hosteleras promocionaron Santander en la Corte por sus playas propicias para los baños de ola (la primera temporada se anunció en la prensa en 1856) e impulsaron la creación de la ciudad-balneario de El Sardinero, que se consolidó como destino estival de la alta sociedad española a principios del siglo XX. .
Durante el reinado de Alfonso XIII Santander se convirtió en el lugar de veraneo favorito de la corte. En 1908 la ciudad construyó y regaló al rey el Palacio de la Magdalena. Actualmente continúa siendo un enclave turÃstico importante del norte de España, con playas como la de El Sardinero (2 km de longitud) o la de la PenÃnsula de la Magdalena, que atraen a un buen número de visitantes, procedentes, en su mayorÃa, de otras comunidades españolas. .
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El siglo XX
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Catástrofes y reconstrucción
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Explosión del Cabo Machichaco
El dÃa 3 de noviembre de 1893, el buque vizcaÃno Cabo Machichaco atracó en el muelle de Santander cargado con 51 toneladas de dinamita en la bodega y depósitos de ácido sulfúrico en cubierta. La normativa sobre mercancÃas peligrosas venÃa siendo incumplida sistemáticamente por autoridades y fletadores. A mediodÃa, se declaró un incendio en el barco que atrajo a las tripulaciones de otros barcos (como el vapor Alfonso XXII construido en 1889), equipos de extinción, autoridades (incluido el gobernador civil) y curiosos. Poco después se produjo la explosión de la carga. El balance fue de 590 muertos y 525 heridos, cabe destacar que en aquel momento habÃa 50.000 censados en la ciudad. .
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El incendio de 1941
Posteriormente, en 1941 se produjo un incendio que, iniciado en la madrugada del 15 al 16 de febrero en la calle Cádiz, en las proximidades de los muelles, y avivado por un fuerte viento Sur, arrasó durante dos dÃas toda la parte histórica de la ciudad, cuyas calles estrechas y casas de estructuras de madera y fachadas con miradores facilitaban la difusión de las llamas. En esta ocasión hubo una sola vÃctima, un bombero madrileño, D. Julián Sánchez GarcÃa en labores de extinción que falleció en el hospital de Valdecilla tras una leve recuperación. Miles de familias perdieron sus hogares y la ciudad quedó sumida en el caos. .
El incendio destruyó la mayor parte de la puebla medieval (37 calles que ocupaban 14 hectáreas, en la zona de mayor densidad de población) y su reconstrucción estuvo precedida por un proceso de renovación urbana que cambió parte importante de la configuración de la ciudad. La necesidad de alojar a un importante número de familias que se quedaron sin casa tras el incendio dio lugar a una expansión urbana y a una configuración organicista de Santander. AsÃ, además de varios edificios y ampliaciones de calles, entre 1941 y 1950 se crearon los barrios de Santos Mártires (162 viviendas), José MarÃa de Pereda (111), Pedro Velarde (348), el Poblado Canda-Landaburu (200) y el Poblado de Pescadores Sotileza (294). .
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